sábado, 10 de marzo de 2012

CAPITÁN CAVERNÍCOLA


Él era un simple electricista, pero una noche tormentosa, arreglando un poste de telégrafos, una fuerte descarga eléctrica transformó todas las células de su organismo. Y ahora...cada vez que él se irrita, él es...Rita la Cantaora
¡JA, JA, JA, JA!
Así comenzaba Él es...Rita la Cantaora, track número ocho de La Cagaste Burt Lancaster, el segundo disco de los Hombres G. La canción venía a contar que Eusebio, un humilde electricista, tras sufrir una descarga eléctrica, se convertía en Rita la Cantaora cada vez que se alteraba por algún motivo.
Aún a riesgo de ser criticado por ello, he de confesar que me gustan los Hombres G, y si bien su música no se caracterizaba por la profundidad de sus letras, ésta, en concreto, es más pueril si cabe. O eso pensaba yo hasta anoche. Me disponía a irme a la cama después de mi ración diaria de El Gato al Agua, que no está España como para irse a la cama contento, y al pulsar el botón rojo (power) del mando a distancia, mientras Antonio Jiménez se despedía como es habitual, pidiendo dinero para salvar la pía cadena, recibí una fuerte sacudida; una descarga eléctrica recorrió todo mi cuerpo. Pude sentir entonces como mis axones se encogían y se soltaban todas las sinapsis neuronales.
Afortunadamente, esta mañana mi neurólogo me ha dicho que los efectos no son permanentes; pero ahora, cada vez que escucho durante más de cincuenta segundos a algún miembro del Partido Popular o a alguno de sus secuaces, me convierto en el Capitán Cavernícola ¡JA, JA, JA, JA!
A continuación transcribo lo que mi otro yo dejó escrito mientras mis funciones cerebrales permanecieron atrofiadas:

Ayer,  el Excmo. Sr. Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, en otro tiempo adalid de los postulados del rojerío, explicó muy acertadamente el por qué de la derogación de la infanticida Ley del Aborto sin esperar a la resolución del Tribunal Constitucional.
La pérdida de valores sufrida en España durante los últimos treinta años, debida en su mayoría a la persecución ejercida sobre los católicos por los gobiernos socialistas y no corregida por los maricomplejines que José María Aznar eligió como Ministros por miedo a que lo tacharan de fascista, hace que cada año miles de mujeres se vean obligadas a abortar contra su voluntad. Si esto no es violencia estructural, que baje Dios y lo vea.
Miles de mujeres han de pecar por miedo a perder su empleo; por la incertidumbre provocada porque sus hombres, contagiados por ese abominable modernismo laico, decidan no casarse con ellas; por miedo a ser señaladas por esta sociedad sin principios por el mero hecho de ser madres a los veinte años; por miedo a ser calificadas como ultracatólicas por tener más de un hijo; por culpa de pruebas diagnósticas y médicos que juegan a ser Dios, aventurando alegremente que sus hijos sufrirán malformaciones; (...)
Inmediatamente después de las declaraciones de Gallardón, toda esta izquierda radical que no respeta la democracia ni al que piensa distinto a ellos, se le ha tirado al cuello. Sin embargo, yo me siento feliz porque Alberto haya entrado en razón, se haya dejado de estupideces sobre los presuntos derechos de enfermos sodomitas, y esté consiguiendo en un tiempo record borrar la huella de políticos cejateros que han dejado este país hecho unos zorros. Esperemos que la penalización de los infanticidios, la absolución de políticos eficaces y respetables como Camps, el exterminio de jueces corruptos como Garzón, la reapertura de procesos judiciales manipulados por magistrados a las órdenes de los socialistas, como el de la terrible masacre del 11M, sean sólo el principio de una brillante carrera como Ministro, haciendo honor a su padre al que Dios se llevo a una edad temprana y a su mentor Don Manuel Fraga Iribarne.

Que miedo me doy. Si ya no voy a poder oír los postulados Populares durante más de cincuenta segundos, mi vida va a verse mermada considerablemente. No podré ver Antena 3, ni Cuatro, ni Tele 5, ni la renovada Televisión Española. Ni por supuesto ningún canal de la TDT, ni tan siquiera los canales 'centristas' como Tele Madrid y Canal 9. No podré leer ningún periódico. No podré asistir a ninguna asamblea del 15M. No podré coger un taxi. No podré volver a escuchar a mi admirada Rosa Díez. (...)
No me va a quedar más remedio que embarcarme en un barco de Costa Cruceros, sufrir el correspondiente naufragio, y esperar que la fortuna y un chaleco salvavidas me lleven a vivir aislado en una isla desierta.

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