miércoles, 5 de mayo de 2021

LA CERVECITA NO ME LA TOQUES


 

Estoy consternado. No sé si igual, un poco menos o un poco más que aquella fatídica noche de la mayoría absoluta de Aznar. Y claro, como de aquellos polvos, llegaron luego los consiguientes lodos que lo enfangaron todo, estoy, literalmente, que me tiemblan las piernas.

No estoy en condiciones de hacer un análisis sesudo del resultado de las elecciones de anoche, ni siquiera de hacerlo medio en broma. No me salen gracietas esta mañana. Si me pongo a escribir es, simplemente, por desahogarme.

Como animal racional que soy o, al menos, por ello me tengo, me relaciono con otras personas, hablo, escucho, siento,..., por lo que la victoria de Ayuso no me era inesperada, pero si me ha sorprendido que fuera tan así, tan a lo bestia.

Entiendo y comparto el hartazgo de la gente, el cansancio por la situación, las ganas de vivir, de volver a vivir como antes. Sé que los principales partidos de la oposición, excepto uno, se han presentado con candidatos amortizados. No es sorpresa que Ciudadanos haya desaparecido; ya pasó con UPyD. El que siempre vota a la derecha vuelve al redil antes o después, en cuanto se le pasa el subidón de decir que es de centro. En este caso, además, han sido los propios dirigentes los que han asumido el papel de ratas abandonando el barco los primeros.

Puedo entender y entiendo muchas cosas. Sin embargo, hasta ahora, las mayorías aplastantes se producían porque miles de votantes, desencantados, se quedaban en sus casas. Zapatero ganó las elecciones por la mínima con el mismo número de votos que cuatro años antes habían servido a Joxe Mari a conseguir una mayoría absoluta.

Ayer fue distinto. Hubo movilización. Participación similar en todos los pueblos y distritos de la capital. Más ricos o más humildes. Y en todos se repitió el mismo resultado.

Estos últimos meses he viajado bastante por trabajo y he podido ver cómo vivían el estado de Alarma. He visitado Andalucía, las dos Castillas, Navarra, Euskadi, Catalunya, Baleares, Asturias, Galicia y Extremadura. En todas estas comunidades la situación sanitaria y económica es complicada. No he comido o no me he tomado nada con compañeros de trabajo, no porque la hostelería se encontrara cerrada, si no porque la situación no lo recomendaba. Hay, como es lógico, miedo a salir, porque quien más o quien menos tiene en su entorno personas de riesgo.

Lo que si he notado es el estigma del madrileño. Este "vivir a la madrileña" que aquí gusta, no sé si porque "mola" ser un antisistema, asusta en el resto del Estado. Hasta ayer me parecía exagerado. Hoy ya no me hace tanta gracia.

La situación económica en Madrid es igual de mala que el resto de los territorios, mientras que las cifras sanitarias son mucho peores, por mucho que se enmascaren. Desde fuera ven con asombro como abrimos bares hasta casi la madrugada y mantenemos la mitad de los centros de atención primaria cerrados; como tenemos plantas de hospital vacías y nos construimos hospitales prefabricados en cuatros días; como no se sustituyen profesores afectados  y tenemos la mitad del día a nuestros hijos en casa; como tenemos a personas de 60 años haciendo colas de hasta tres y cuatro horas bajo la lluvia esperando a ponerse una vacuna en un campo de fútbol;...

Fuera no nos entienden; dentro, yo tampoco. Debe de ser porque soy medio de Bilbao.

Sin embargo, la realizad es tozuda y hemos votado en masa a la creadora de la "vida a la madrileña" con sus atascos y sus cervecitas. Hemos perdonado que abandonen a nuestros abuelos a su suerte en las residencias, por poder tomarnos una Mahou después del curro.

Luego decimos que si los de los países del norte dicen...No somos PIGS, no somos vagos y holgazanes. Lo que somos es imbéciles.


4 comentarios:

  1. Así es de triste, amigo, te lo dice un madrileño, lamentable es quedarme corto, el masoquismo y la ignorancia se ha adueñado del centro de España.

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    1. Y es que desde fuera empiezan a vernos como bichos raros, además de irresponsables, insolidarios y todos los adjetivos de este tipo que se te ocurran

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  2. Efectivamente. Tenemos lo que merecemos. Es incomprensible votar a semejante personaje si no se entiende como un voto de castigo al Gobierno. Así que ojo al dato!

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    1. Eso es lo grave. En circunstancias normales, esa sería la lectura, pero somos tan básicos, que el voto es porque se ha erigido en la defensora de la caña después de trabajar.

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