jueves, 21 de febrero de 2013

FÁBULA DE DON MENTIDOR Y EL CORREGIDOR

-Papá, cuéntame un cuento para dormir.

-Está bien cariño. Te voy a contar la fábula de Don Mentidor y el Corregidor.
Había una vez un pequeño pueblo que pertenecía a un Rey, o por lo menos de él decían que era. Sus habitantes vivían felices y contentos, o por lo menos eso podía deducirse pues nadie protestaba por nada.

-¿Nadie, nadie, papá?

-Es verdad, no es del todo cierto. Existía un hombre, que protestaba siempre por todo, al que el Corregidor de la villa y sus seguidores llamaban Don Mentidor.

-¿Por qué lo llamaban así, papá?

-Porque lo que contaba Don Mentidor podía provocar que los habitantes de aquella localidad dejaran de vivir felices. Que el Corregidor creaba un nuevo puesto de trabajo, ahí estaba Don Mentidor para recordarle que por su culpa se habían destruido cien. Y es que en aquel pueblo, que por cierto era el que más desempleados tenía de la Comarca, lo más importante era no crear alarma.

-¿Y qué más pasaba en ese pueblo, papá?

-Pues que Don Mentidor, por ejemplo, anunció que el Corregidor iba a subir el impuesto que pagaba cada vivienda un 15%. Por suerte, los alguaciles del Corregidor estuvieron prestos a negarlo. Meses después se comprobó que Don Mentidor no llevaba razón, pues ese impuesto no subió un 15% sino entre un 17 y un 30%.

-¿Por qué protestaba siempre Don Mentidor, papá?

-Eso mismo se preguntaba el Corregidor. Don Mentidor no comprendía, o no quería comprender, que eran los propios habitantes de la villa los que pedían, casi suplicaban, al Corregidor que subiera las tasas y se inventara otras muchas, que ampliara las zonas de pago de estacionamiento de carretas, que les cobrara por la emisión de certificados o que les obligase a pagar por saber si necesitaban hacer obras en sus hogares.

-Papá, yo sólo soy un niño y puede que no esté entendiendo bien el cuento, pero a mi me parece que Don Mentidor llevaba un poco de razón.

-Puede que un poco si, porque una vez protestó porque los amigos del Corregidor iban a obligar a la gente, con dinero o sin él, a pagar más por sus medicinas, y al final se demostró que además de pagar más por las medicinas, tenían que pagar una moneda adicional por cada prescripción del galeno.

-¿Cómo termina el cuento, papá?

-Un día Don Mentidor acusó al Corregidor de hacer un pacto secreto con el dueño del agua de la Comarca, lo que supondría que los habitantes de la villa tendrían que pagar mucho más por ella. Como era habitual, el Corregidor y los alguaciles lo negaron, pero llegó la hora del pago del agua y todos los vecinos comprobaron que los recaudadores les exigían un 17% más.
La felicidad empezó a menguar en aquel bonito pueblo a medida que los vecinos iban abriendo los ojos. Don Mentidor dejó de ser llamado Don Mentidor y se quedó sin nombre, como Prince. El Corregidor pasó a ser Don Fulero 'el Corregidor', aunque esto último no tardó en perderlo.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Buenas noche mi amor. A dormir.

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